Amores perros
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amores perros

07 abr Amores perros

Los hay lanudos, ladrones (porque ladran y ladronean bombachas), pelados, y de todos los tamaños. No sé en qué momento al universo se le ocurrió pensar que nosotros debíamos adiestrarlos y decretarlos nuestros –mejores amigos- por momentos cuando estoy mirando al techo y él mirándome, confío que en su idioma perruno está sabiendo qué pasa, qué hacer y qué ya no. Tal vez su chupetazo por toda mi cara es su mejor solución, quién sabe.

Tuve muchos perros en mi vida, el primero que recuerdo se llamó Bartolo, era un Basset precioso, arrastrado como acostumbran los de su estilo, pero mamá decidió regalarlo porque pipicaqueba en todos los rincones. El churki (esa planta bajón con espinas) en todo el jardín floreado no le alcanzó para dejar de romper los canteros. Estábamos tristes por su partida, así que el segundo round fue tiempo después con Coco, un perro loco, callejero, que papá decidió adoptar. Era brillante y fierito. No me acuerdo qué pasó con él. Pero también se fue.

Un día volvieron mis viejos de viaje, y amorosamente me entregaron un regalito envasado en una caja de zapas, cuando la abrí creyendo que por fin tenía las “llantas” del momento, me sorprendió un bebé Chihuahua al que sin pensarlo mucho llame Gulliver. Catorce años después Gully sigue en casa, ya no con su fibroso cuerpo de nadador, pero sí como un viejito con cara de sabio que poco ve pero mucho huele. Gully salió mucho tiempo con una mina que le presentó mi hermana , La Foca, era suave, de color manteca, dormían juntas hasta que decidió ser el cupido de esa historia de amor, y así fue como se consolidó la pareja y juntos se divirtieron largos años. No es fácil renunciar al primer peluche.

Pero mamá quería reafirmar aún más su inclinación por los perros –de cartera de vieja- así que sumó a la manada a un hermosita mini Schnauzer color gris que duró lo que un pedo en la noche; con la puerta abierta mientras la señora sacaba la basura, calladita improvisó una escapada que le costó casi el divorcio familiar a mi vieja y el comienzo de una nueva, vaya saber cómo, vida a ella. La atrevida nunca más volvió.

La cosa es que dije mucho y a la vez nada así que antes que se me gaste la lapicera voy a hablar de Donato, el monstruito que conquistó mi corazón. Fue amor a todas las vistas; por él todas. Es un tipo rudo, con cara de malo, pero que en el fondo siempre está feliz, un fanático de la aventura y un gran amigo; y sabes que es lo mejor? es un incondicional cucharero (de esos que se te duermen pegaditos).

Como verás la lista de hermanos caninos es larga, algunos estuvieron un rato y otros se quedaron un poco más. Igual, creo que me sarpé contando la intimidad de algunos, como sea; Gully sigue en casa y qué buenos tipos son los perros, te miran, te lamen, y te invitan a jugar. A veces quisiera ser uno. Que me saquen a pasear, y que propongan una dormida abrazaditos así porque sí.

La vida a veces es un poco Donata, suena raro pero te juro que si. Tiene contrastes de blancos y negros, y por ahí se amansa y suelta matices de grises amarronados. Te pasa de todo, ves? Como a Donato. Por eso la vida es Donata y los amores; perros.

Si te gusto la canción, no te pierdas nuestra nota sobre la muestra en honor a Velvet Underground

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