Argentina está rota, no funciona
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argentina esta rota

07 sep Argentina está rota, no funciona

Por: Magdaleno Coher

 

Algo le pasó al país hace mucho, quizás. En 1810, o en 1976, o en los 90, o en 2001, o en 2007, o en 2015, o en febrero de Macri. En algún momento. En cualquier momento.    No sabemos si en todos esos años, en cada uno de esos años, en otra lista de años no mencionada o nos pasó en algún momento que todavía no llegó -nah, eso no-.

Argentina es un país en el hemisferio sur, al menos en eso están de acuerdo los kirchneristas y macristas, los de Boca Jrs. y los de River Plate, los coherentes y los militantes del partido de Luis D’elía. Todos de acuerdo, un completo logro.

A ciencia cierta no sabemos qué pasó exactamente, ni en qué momento, pero algo pasó.

En las discusiones de algo, de cualquier cosa, siempre alguna parte involucrada señala primero que nada que no podes comparar el país con otro porque las realidades son diferentes. Argentina es ese país que -claramente- no se puede comparar con el primer mundo en términos generales porque son algo así como categorías distintas; pero tampoco se puede comparar con el tercer mundo, estilo Bolivia, porque mejoró notablemente su situación económica por ejemplo (sí, si la economía funciona, no se compara).

¿Por qué Argentina no funciona? Porque está llena de argentinos que creen que cagar al resto de los compatriotas está bien. Porque ¡cuidado! llegó el argentino, el que se cuela en una fila y no le digas nada porque es el que grita más fuerte; porque si mata a alguien por pasar un semáforo en rojo, es el primero en conseguir a un argentino más garca todavía capaz de comprar testigos falsos y ganar un juicio; porque si puede afanarse una longaniza del supermercado, un recuerdo de Villa Gesell o una uva de la verdulería, lo hace sin pena y con gloria. A todo esto el argento lo bautizó “viveza criolla” entonces, no es que seas un sorete, serías un vivo, y ser un vivo es legal.

¿Por qué Argentina se rompió? Por algo, pero no sabemos porqué. Porque desde siempre nos pasó. Tenemos más empleados públicos que argentinos, pero trabaja la mitad, porque la otra mitad consiguió falsificar certificados y se puede escapar a pescar, porque el que tiene que auditar eso, tampoco trabaja.

Nos va mal porque ser corruptos en Argentina es sinónimo de político. Pero no solo de funcionario político, también de sindicalistas, porque a pesar de que a ambos los eligen los laburantes, ellos se cagan y hacen cualquier cosa menos defenderlos. Pero entre el político y el sindicalista (ambos millonarios, obvio, al igual que ningún laburante) a veces se llevan mal y entonces hacen todo lo posible para conspirar en contra y a pesar de que el político ya le designó a los hijos en algún puesto público, mandan a cortar calles y perjudicar el normal funcionamiento de la sociedad. Porque cortar calles y llenar plazas con militancia paga se convirtió en algo más importante que llenar urnas de convencimiento.
Porque en Argentina está bien que un millonario con un departamento valuado en 4 millones de dólares pague $32 de gas por bimestre. También está bien que el país tenga millones de personas recibiendo una limosna mensual que logra convencer un voto más en urna, pero limosna se llama asignación. En Argentina está bien inscribirse en una universidad pública pero no asistir a clases ni aprobar, solo enlistarse para tener el pasaje en colectivo es gratis, todos los días… a cualquier lugar, no necesariamente a la facultad, porque nadie controla. Ese abuso está bien;  que una doméstica pague 6 pasajes por día a razón de $30 diarios, pasa desapercibido, no nos interesa y si encima un clase media da cuenta de esta situación y la plantea, inmediatamente consigue el título de facho, y que “si te preocupa tu doméstica, llevala en tu auto, chetito”.

En Argentina no está mal que un piquetero corrupto altere el orden público, insulte y atente contra un policía, porque matar a un policía es hacer bien los deberes en la villa y para algunas agrupaciones “zurdas” con líderes que tienen 16 millones de pesos en solo UNA de sus cuentas bancarias.

Argentina es el país que se enorgullece porque el ladrón mata un hijo de familia, viola a la hermana y revienta el cráneo de una abuela para robarse los ahorros de esa familia laburante, para comprarse paco. Pero está bien porque pobre, no tuvo otra alternativa.

En este país sudamericano, no puede un trabajador de 62 años, pegarle un palazo en la cabeza a un drogadicto de 19 que lo apunta con un revólver, robado de una agente policial después de que la violaron entre 8 en un descampado, porque eso es de hijo de puta.

Argentina está rota porque una joven compatriota de 23 años no puede entrar a parir a un hospital público en zona de frontera porque las camas están ocupadas por personas de otros países; de esos países que sienten desprecio por Argentina y los argentinos, porque en serio, lugares como Bolivia no carga combustible a coches con patente extranjera, ni inscribe en sus universidades, ni quiere pagarle a los mozos, por la mera razón de haber nacido en el país del hospital.

En Argentina queremos ser Venezuela, porque los venezolanos tienen la democracia más fuerte del mundo, según un locutor crítico de un matrimonio presidencial que se hizo de un patrimonio inconcebible, pero amante de los Kirchner.

Hay argentinos que prefieren 100 a 1 que la mayoría de los pobres cobre $300  mensuales antes de conseguir un trabajo legítimo.

Argentinos aplauden a presidentes con cuentas millonarias en el exterior y dentro del país, también.  Aplauden a vicepresidentes que declaran casas en médanos y a vicepresidentes que denuncian robos de miles de dólares sin haber sido declarados.

Quién sabe qué nos pasó. Nadie pero… los argentinos estamos orgullosos. Pero, ¿estamos orgullosos? No, tampoco.
-¿Y, entonces?
-No sé. Yo, argentino

 

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