Bajo La Ducha
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No sé bien cuántas películas, discos, historias de amor o aventuras habré emprendido cada vez que abro la ducha. Ni tampoco cuántas gotas amontonadas se perdieron en cada intento. En realidad, tampoco se bien si sé algo. Comienzo a sospechar que los baños con vapor tienen un condimento secreto que hacen de mi voz una sensación y con mis fantasías, un viaje a la luna en bicicleta. A veces no tengo muchas ganas de pensar, pero sabés? Siempre termino pensando, al menos en por qué habrán elegido al cangrejo para hablar de la inmortalidad, o quien conocerá el por qué de elegir al vuelo de las moscas para hablar sobre el silencio. Pero ves? siempre termino pensando en algo. Estar bajo la ducha es una sensación, es bailar el –do re mi – del frío/calor, acordarte de sus ojos o no saber si al irte, apagaste el ventilador. Es un bálsamo a la furia y al dolor, es el antes de la almohada y el después del sol… o viceversa. Estar bajo la ducha, casi como poner la cabeza detrás de una lupa, y radiografiar lo que si, lo que no, lo que no tenías idea y lo que finalmente al mundo le pasó. Tengo la impresión que estar bajo la ducha es el -uf!- de la inspiración.