Cazador, carta de un arrepentido
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28 oct Cazador, carta de un arrepentido

Queridos animales:

Perdón. 

Primero que nada voy a presentarme. Soy Enrique, tengo un poco más de 50 años. Soy campesino. Tengo cerca de 1.500 hectáreas de bosque nativo y un número no tan extenso de metros cuadrados para sembrar, de esto vivo, a esto me dedico. También tengo un puñado de vacas y cinco caballos. Estoy casado y tengo hijos pero ellos viven en la ciudad, así que los veo de vez en cuando. Tengo una casita modesta, con las comodidades necesarias para llevar una vida digna, aunque soy un convencido de que la verdadera dignidad está afuera; tengo una galería natural inmensa formada bajo una Morera con la que hablo de vez en cuando. No crean que vivo atascado en el tiempo: tengo luz eléctrica, agua potable y hace no tanto llegó la televisión satelital.

Pasé más de la mitad de mi vida viviendo del campo y para el campo. Claro que al principio la construcción de mi casa era impensada así como está ahora y, si bien ahora puedo frizar el pan o la carne, antes ponía mi escopeta al hombro, un par de balas en los bolsillos y me iba a buscar qué comer. Por entonces cazar era mi pasión, lo disfrutaba y, en menor medida a veces, lo necesitaba.

Cuando llegó la señal de televisión al campo, hará unos 15 años, conocí canales como Animal Planet, Discovery, National Geography… y me supe enamorar de los informes de animales que ahí transmitían. Cómo nacen las jirafas, cómo cazan los leones, donde viven los koalas, en fin… en ese momento me di cuenta de que más increíble que tener la piel de un yaguareté como alfombra, es poder verla adherida a los músculos de ese animal cuando se escapa entre los árboles. Que más regocijante que la cabeza de una corzuela como trofeo, es verla pastar con sus hijitos en medio del campo.

En el momento que conocí la vida de un cocodrilo siendo criado desde bebé hasta convertirse en cazador, en un compilado de una hora, entendí que los animales merecen, ante todo, nuestro aprecio. 

Vivir del campo, en mi caso, no me hace ser millonario con dinero, me da millones en satisfacción. Las postales que me llevo casi todos los días cuando estoy bajo la mora fumando un cigarrillo y se me acerca Carlitos, un zorro amigo, es realmente impagable.

Puede parecer una contradicción pero no me convertí en vegetariano, de hecho, compartir asados con mi familia y amigos, es otra cosa que aumenta claramente las acciones en la bolsa de mis sentimientos, pero sí he dejado de cazar. Hace por lo menos 15 años que mis escopetas están en un mueble y nadie las toca.

No me convertí en un ambientalista capaz de dar la vida por los animales, pero descubrí que mirarlos, apreciarlos, tocarlos es mucho más hermoso que matarlos y engancharlos en el caballo para después comerlo. No pude volver a matar a ningún animal con un fusil. No pude. No puedo.

Veo fotos ahora de una pareja de millonarios que pagó miles de dólares para llevarse a su casa unos trofeos. Es una actividad lícita, lamentablemente lo es, está permitida y no los juzgo. No los juzgo pero les recomiendo mirar a los animales vivos, disfrutando de sus hábitat, eso, queridos amigos, es mucho más precioso.

Los animales merecen oportunidades de ejercer su libertad, desde las grandes estepas africanas hasta en la serranía Calchaquí de Salta. Cuidémoslos. Mirémoslos. Disfrutémoslos así: vivos y libres.

Enrique

La carta arriba escrita tiene un 95% de hechos 100% reales. 

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