El único que puede matar es el ladrón
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23 sep El único que puede matar es el ladrón

Por Magdaleno Coher

 

Qué querés que te diga… ya dije la semana pasada, o la anterior, que Argentina está rota, que Argentina no funciona.
No me entra en la cabeza qué está pasando. La gente se está matando. Te matan por us$ 1.000.000, te matan por un auto, por una moto, una bici, un picaporte o por las dudas, pero te matan.

En estos últimos días, en Argentina trascendieron casos de víctimas de delitos previos que posteriormente se convirtieron en asesinos al matar a sus victimarios.
Es complicado estar en contra de que la gente se mate, pero a favor de que la gente se mate.

Es decir, indigna que un delincuente asesine a una persona, pero que la víctima de un delito tome justicia por mano propia a veces agrada.
Gandhi dijo que ‘ojo por ojo y el mundo acabará ciego’ y por supuesto tiene razón, pero ¿saben qué ducheros? me tienen las bolas llenas los delincuentes. Sí, me cansé de que un pendejo falopero entre a la casa de un jubilado de 87 años y le afane los $2000 de pensión y además le reviente la cabeza de un palazo. No lo soporto.

¿Alguien se puso en los zapatos de un tipo al que le toman de rehén a la familia, le violan la hija adolescente y le matan el nene de 8 años? Yo me pregunto, ¿por qué ese hijo de puta merece seguir vivo? Que alguien me conteste algo coherente. Recibo argumentos en bajoladuchanet@gmail.com

No me digan que nadie puede decidir sobre la vida del otro, porque hay algunos que no merecen segundas oportunidades. No me refiero a pegarle un tiro a peregil que te roba $10 o el candado de tu casa. No. Te hablo de desesperación. De familias destrozadas de por vida.
¿Quién siente piedad por las víctimas de delincuencia? ¿La justicia? ¿En serio?

Lo ideal, es hermoso. Lo real, es detestable.

No quiero que la gente muera. No quiero que la gente mate. No quiero que mis hijos no puedan salir a la calle. No quiero frenar con miedo en un semáforo en rojo. No quiero un tiro en la cabeza de mi abuela al cambio de sus ochocientos pesos. No quiero a pibes adictos desesperados en las calles. No quiero villas impentrables. No quiero indiferencia absoluta y desigualdad en crecimiento. Quiero creer que la humanidad puede funcionar. Para eso necesitamos colaboración de todos.

Pido, encarecidamente empatía.
Fundamentalmente no quiero delincuentes muertos, pero primero no quiero delincuentes.
Dejemos de disfrutar de las fiestas clandestinas cuya invitación a portar drogas y armas nos parece gracioso y posmoderno.

Eso sí, todos estamos a favor de que Gran Hermano incluya armas cargadas sobre la mesa y las usen como quieran.

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