Fest Team, una fiesta terrible... ¡de casualidad!
revista cultural, espacio creativo para la expresión de lo que nos gusta
revista, cultura, arte, musica, peliculas, series, television, reflexion, psicologia, sociedad, estrenos, festivales, conciertos, noticias
17664
single,single-post,postid-17664,single-format-aside,ajax_fade,page_not_loaded,boxed,,qode-title-hidden,qode-theme-ver-7.4,wpb-js-composer js-comp-ver-4.5.3,vc_responsive
fest team

21 dic Fest Team, una fiesta terrible… ¡de casualidad!

En todas partes del mundo deben haber historias características de fiestas épicas que se gestaron en patios, bares y hasta departamentos de solteros.

Es que son muchos los jóvenes que sueñan con ser protagonistas de su propia película Hangover  pero son pocos los que lo logran; seguramente les pasó a los mentores de la gran Fiesta de Disfraces de Paraná (Argentina) o a los de Tomorrowland (Bélgica) y a un par más… ese ‘par más’ está repartido en todas partes del mundo, sin grandes Dj’s, ni escenarios flotantes: la rompen en sus barrios, pueblos o, incluso, ciudades pequeñas y medianas.

Y de esto les quiero hablar: al norte de Argentina, en Salta y al norte de Salta, en Tartagal, una ciudad pequeña en todo sentido, viven dos hermanos muy conocidos por casi-todos, el Teo y el Hunga (los pronombres que anteceden a los propios no se interpretan como errores gramaticales, no enTartagal).

En el año 2000 Teo por entonces era el mayor con 16 años y Hunga, el menor con 14, se topaban con una realidad con la que nos topamos muchos a esa altura de la vida, sobre todo nosotras: qué hacemos en la noche de Navidad; Papa Noel ya no llega, los tíos ya no nos divierten y los primitos ya ocuparon todas las camas de la casa de la abuela a eso de las dos de la mañana y, entonces, quedamos ahí… hechos los locos tomando sidra, tirando un par de cañitas que sobraron de la medianoche, entre otras boludeces que no llenan, ni llenarán nunca el vacío de ver a los hermanos mayores irse a la casa de Jorge R. con los champanes que sobrevivieron. Nos quedamos solos ante la inmensidad de tíos que se burlan porque somos menores y no nos dejan “porque no corresponde”.

Teo y Hunga, no se escaparon de esa realidad pero ya en esa pre-adolescencia juvenil uno de los tíos, el piola -Diego-, les ofreció la confitería del épico Hotel Espinillo de Tartagal (googlealo, es épico posta) para que nos inviten a las amigas y amigos de esa edad. Era un show, todos estábamos conformes. Mis viejos tranquilos y nosotros, pibes, chochos. No nos gustaba del todo la birra, pero teníamos la obligación re de tomarnos un par.

En aquel 2000, la mamá del Hunga y el tío contrataban a Dj Ramón Vequi y nos dejaban asaltar las exhibidoras de Stella Artois porque, naturalmente, éramos inocentes. En ese momento, cual esperma que se choca con un óvulo, se gestaba el Festín -término explicado más adelante- así, de pura casualidad, sólo porque no nos dejaban salir.

Hasta el 2003, éramos un círculo cerradísimo de amigos que no superábamos las 30 personas.
Allá por el 2005, ya la inocencia quedó en el lustro pasado y las heladeras de El Espinillo se vaciaban antes de que termine de llegar el resto. Por consiguiente, ya con un grupo que se acercaba a las 65 personas, y por el consejo del papá de Maxi y de Luciana, se juntaba guita para palear un poco, aunque nos seguían convidando, claro.

Pasaron los años, una fiesta oficial en Tartagal trataba de monopolizar al público con una entrada cara pero llena de promesas, promesas que no terminaban de cumplirse por lo que antes de que sean las 4, el público migró directo a la confitería e hicieron  cola para entrar. El Teo, ya con la camisa desprendida a la mitad, y una botella en la mano aclaraba que nadie iba a entrar porque para ese Festín se había juntado plata y entonces era injusto, claro, que vinieran a aprovecharse después del perno. Le ofrecieron más de lo que habíamos pagado los convencionales, se compró más bebidas y la fiesta terminó cerca delas 9 am.

Ya en 2010 Teo y Hunga se vieron casi que obligados a juntar plata y darle a la gente una fiesta de Navidad como la gente: se contrató un salón sindical, se pagó seguridad, luces, humos, un DJ y, fiel al estilo, la barra era libre. Todo por $2. En ese año mandaron a hacer remeras, incluso, y a imprimir las entradas, el tema es que la imprenta interpretó Fest Team en vez de Festín (término original) y nada… así quedó.

Los años siguientes, el Fest Team, no paró de crecer, se convirtió en una suerte de clásico de Navidad y Año Nuevo en Tartagal. De la confitería al salón sindical, pasó por una finca que se desbordó, de ahí a un boliche gigante con DJ’s en dos pistas y bandas en vivo y el año pasado montaron ¡UN CIRCO! Con carpa, vip, shows, escenarios y artistas por todas partes.

De 30 amigos en el año 2000 bajo la mirada penetrarte de la mamá y el tío, a un staff compuesto por esas mismas personas en la logística, para un público de no menos 1.700 personas; para Tartagal significa todo un récord. Para la ciudad, un acontecimiento más que épico.

Y así, un grupo de amigos que solamente buscaba dónde divertirse cuando pibes, todos los años escriben nuevas páginas en una historia remil copada. Sin ese grupo de amigos que al principio asaltaba las heladeras, nada de todo esto sería posible.
¡Aguante el Festín! ¡Aguante el Fest Team!

No Comments

Post A Comment