Un Gaucho Budista
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gaucho budista

13 jul Un Gaucho Budista

La vida puede ser corta, larga; linda, fea; aburrida, muy aburrida; lo que sea, pero uno siempre cree haberlo visto todo.

Estas líneas, desde que nacieron, siempre suelen tener algo como disparador, es decir: como ya no estamos bajo la presión tirana de entregar a cierta fecha, con cierta cantidad de palabras, en tal formato, etc etc etc, siempre que nacen, es porque algo las inspira y casi siempre es porque creí haberlo visto todo, hasta que algo rompió la escueta coherencia pragmática.

Alguna vez, justamente en este espacio, Enrique firmó una carta en la que pide disculpas a los animales, después de entender que no tenía porqué matarlos. No era vegetariano, ni vegano, sencillamente había dejado de cazar porque sí, entendiendo que las riquezas visuales que le aportaban a sus tantas hectáreas de bosque nativo casi al norte de Argentina, era mucho más satisfactorio que cualquier otra cosa.

Le dicen Mudo, el apellido no me lo acuerdo bien pero tenía algo que ver con los animales, era un animal de hecho, pero no importa, y no es que no importe en tono despectivo, no. No importa porque todo lo que tiene para contar es sólo parcialmente reproducible. Es que sabe tanto, que para ser un gaucho -sin desmerecer la noble tarea- claramente es un caso paradigmático. No paradigmático, diferentemente llamativo.

Vive solo, de estatura mediana, con barba -como buen gaucho- tiene más de mil hectáreas: parte bosque nativo, parte desmontada, cría animales y arrienda algunas porciones de tierra. No es un latifundista millonario, ni un puestero que vive del día a día.

Tiene familia, los hijos en la universidad o ya trabajando, y su esposa, una docente que lo visita los fines de semana. Él ya firmó las líneas de Cazador, carta de un arrepentido, por lo que ahondar sobre su condición de ser humano quizás sea una pérdida de tiempo. Igual les voy a contar quién, o qué, es.

La soledad lo hizo un tipo muy pensante, muy estudioso y muy lógico. Cuando digo ‘muy’ no exagero. Tiene todas las cualidades de un gaucho del norte: mastica coca, pita cigarros eternos, sabe mucho de campo y en el patio, siempre fuego. Una morera de galería, una pava toda quemada y un tractor.

Es tío de un amigo, nos invita siempre y como no tiene que manejar a la vuelta, hasta que no nos terminamos la cantidad que fuera, siempre exagerada, de botellas de vino, no dejamos de compartir charlas interminables.

Con el Mudo nunca se termina una conversación, porque siempre hay de qué. Él trata de hablarnos de lo que pasa en la tele, como tiene Direct TV está bien al tanto, pero nosotros preferimos escucharlo hablar de otras yerbas, y él no se resiste. Habla de cualquier cosa. Da cátedra, en serio.

Durante la primera botella, se muestra agradecido por la visita y elogia al cocinero que tira unas presas pollo a un disco de arado sobre un fogón que alumbra 50 metros a la redonda.

En la segunda, critica al gobierno de turno por no superar las expectativas que le dejó el anterior que, a su juicio, fue peor. Para el futuro, sin embargo, siempre los mejores augurios. No se amarga antes de tiempo. No se amarga, de hecho.

Después de la tercera botella de tinto, en cualquier familia una tía ya se durmió, acá la noche recién empieza.“Soy un fundamentalista del sentido común” dice entre risas para autoreferenciarse con una frase que usó una de sus hijas en Twitter para presentarlo ante la comunidad 3.0, y tiene razón. Ya lo decía al principio, uno cree haberlo visto todo, pero cuando llegas a la finca del Mudo, sospechas que no.

Tiene un sombrero, bombacha, camisa y botas, igual que cualquier gaucho. No es capaz de payar el Martín Fierro “porque más que payador soy payaso” explica. Nos cuenta que el caballo camina sobre cuatro uñas y nos enseña cada parte del animal en cuestión. Nos habla de los ciclos de las vacas, del precio en el mercado, de lo difícil de la situación agrícola en la zona marginal. Nunca te aburrís.

Se ríe y observa todo, todo el tiempo. Cualquier cosa que se diga o se haga puede ser motivo de burla o de chiste. Se pasa un buen rato.

Él asegura que estudia el cerebro humano, aclara que no es un neuropsiquiatra, y sin términos difíciles da su explicación de cómo funciona la materia gris y no pifia, te lo aseguro.

Sabe más que un gaucho común y corriente, y está lejos de ser un chanta que te habla de derecho, de futbol, de ciencias o de cocina.

Hasta ahí, ya había visto un gaucho distinto al común de los gauchos, que -claro- son sabios también, pero el Mudo es una mezcla de un gaucho-urbano, es un capitalino rural. Tiene la lógica de cada parte.

Hasta ahí, todo fenómeno: risas, vino, pollo al disco, cosecha, rodeo y budismo. Sí, budismo.

Nunca le pregunté cómo llegó Buda a su vida. No se me ocurrió. Pasa que habla tantas cosas, cuenta chistes todo el tiempo, se pone serio, te mira a los ojos y te hace hablar en serio, e inmediatamente, tira todo al pasto porque tira otro chiste, entonces las dos o tres veces que había nombrado a Buda, no le había prestado atención.

Pero a eso de las tres de la mañana, rompe el silencio ensordecedor característico del lugar, y explica que él es budista.

Un gaucho budista, así tal cual. “Uno no es que no tenga que pensar en el futuro, pero es necesario encargase de ser feliz hoy. El futuro ya vendrá, y cuando el futuro llegue va a ser presente. Hay que ser felices con lo que tenemos. La plata se necesita, claro, pero uno no siempre es millonario por la plata que tiene, la riqueza a veces está en otras cosas, no necesariamente materiales”. Lo escuché decir esas palabra y pensé haberlo visto todo, pero ¿un gaucho budista? Ni en los mejore guiones.

Si tan solo prestásemos más atención a charlas etílicas, o no, a personas buenas y con distintas realidades a las de uno, seguramente quedamos con los ojos abiertos durante un buen rato.

Lo que sea… pero ¿posta, un gaucho budista? Bueno, cómo llegó la idea del Himalaya a las puertas del Valle Calchaquí, no sé, pero si alguien es capaz de combinar a Siddharta Gautama con Inodoro Pereyra, prestále atención porque lo más seguro es que la charla te inspire un montón de cosas.

 

 

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