¿Grieta? No, destrozo.
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grieta política

04 oct ¿Grieta? No, destrozo.

Por: Magdaleno Coher

Ya pasaron 10 meses en que algunos K agarraron sus bolsos, cuando no los tiraron sobre muros, y se fueron a sus mansiones en barrios privados o zonas caras por excelencia.
Nadie pone en duda todas las cosas correctas que hizo el kirchnerismo en Argentina durante sus 12 años; el avance en materia de derechos humanos, el empoderamiento cultural, el desendeudamiento, los artistas, la ciencia, la tecnología y un montón de cosas más que reivindicables por los coherentes. Pero nadie, de ese grupo selecto de pensantes, -pero nadie- pudo (ni puede) estar  a favor del discurso vomitivo que expresaba Cristina Elizabet Fernández de Kirchner. Nadie.

Las rivalidades antagónicas existieron siempre, en todos lados en el mundo, en todas las edades, sobre todo por diferencia de pensamiento. Argentina siempre tuvo sus diferencias entre masas; politica y futbol, por ahí sean los ámbitos más notables -claro que en algunos lugares como la Alemania Nazi y casos similares, cualquier comparación es claramente inmensurable en esta nota-.

Sin embargo, y sobre todo, en el periodo en que gobernó la cadena nacional, el odio y la diferencia se acentuó mucho, mucho, más. Probablemente en 2008, cuando los Kirchner le declararon la guerra pública a sectores mediáticos críticos y a los agropecuarios, es el punto de inflexión del “FUEGO” que quede para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino.

Porque nadie puede poner en discusión que el poder verborrágico carnicero con el que se refería Elizabet, era espeluznantemente bien emitido, pensado y actuado.
Con sus palabras, lograba hacer sentir una mierda a quienes no estaban en sus filas. Con su mirada, te convertías en un golpista de fuste.
Con sus gritos, eras capaz de dejar de comprarte un jean por ser considerado vendepatria.
Con el merchandising, Clarín mentía.
Con su maquillaje, comenzaba a ahorrar en pesos.
Una oradora impecablemente asesina. Lograba cosas, realmente impensadas.

Con un discurso meramente demagógico, colectivos pagos, bebidas alcohólicas y comidas bien argentas, movilizaba como si nada a 25 mil personas en Plaza de Mayo. (En esta nota no vamos a discutir la ocupación de la gente que hacía flamear banderas y con cánticos, agraviaba a opositores).

Cuando la plata del erario público no era la suficiente como para sustentar diez actos en un mismo día, y de paso para poder hablarle a los hijos de puta que no pensaban como ella, agitaba dos micrófonos, la bandera argentina flameaba en la televisión y la locutora rezaba: Conforme a lo establecido en el art. 75 de la Ley 26.533… y a través de ese mecanismo, trataba de acarrear las mentes frágiles capaces de ser succionadas por una retórica chupasangre, agraviante y llena de baba verde. ¿Lo peor? Que a veces lo lograba.

Parca, dura, fría, chota; fruncía el ceño, se acomodaba el pelo y decía sin ningún problema que el fiscal que la denunció se había suicidado, que Bergoglio era un cómplice genocida, que en Argentina había sólo 2 millones de pobres, y así lograba ser aplaudida por los convencidos.
Sí, por gente que entendía que ella decía la verdad, no hablo de los rentados barrabravas, sindicalistas o gobernadores que hoy apoyan a Macri, habló de ciegos embobados que estaban 100% persuadidos.

Hablo de tíos peleados con mis papás por la inflación, por el discurso de la inflación.
Hablo de los amigos enemistados por el verso de que estábamos mejor que en Noruega.
Eso, queridos ducheros, eso no es grieta. Familias destrozadas, parejas separadas, amigos sin hablarse… ese odio creado y proliferado por el kirchnerismo destrozó socialmente a los argentinos.

Fueron capaces de aseverar que la delincuencia y la inseguridad no era otra cosa más que una leve “sensación”. Nos escupía en la cara y algunos abrían la boca.
Ese aborrecimiento en forma de dinamita que encendieron con sus palabras, es un invento 100% kirchnerista.

No quiso entregar el bastón de mando cuando perdieron la elecciones. No recibieron nunca a la oposición. Su discurso rencoroso estaba presente por doquier. En niños. En clubes. En universidades. En profesionales. En familias. En los medios.

Con cajas llenas de millones y millones de dólares, a través de cadena nacional, nos quería convencer que a su izquierda estaba la pared. En ese momento, el Rolex brillaba. ¿Y saben qué? La aplaudieron.

El país no vive una grieta. El país es un destrozo víctima del kirchnerismo.
Pero ya se fueron. Ojalá que el que venga sea más tolerante. Que vuelva la rivalidad boba, sana, indefensa.
No más muertos en el norte por militar en el radicalismo. No más organizaciones sociales corruptas y patoteras. No más asesinos del discurso, asesinos verborrågicos.
Argentina debe bregar por menos diferencias estilo Donald Trump y un poco más de voluntad de articulación madura.
Y el único que puede arreglar esta bronca entre compatriotas es el kirchnerismo. Ellos activaron la bomba. Ellos la tienen que desactivar. Porque de lo contrario, si la voluntad de cambio viene por los criticados por los K, Página 12 es capaz de titular GANAMOS.

¿Y saben qué? A nadie le gusta perder… mírala a Cristina si no…

Para quienes crean que quien escribe está ensañado con los K, sepan que sí, detesto todo tipo de régimen corrupto, por lo que su presidente Mauricio tampoco me agrada.

 

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