La vez que casi no llego a Navidad
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muriel

23 dic La vez que casi no llego a Navidad

Vengo a contar dos, tres cosas. Voy a hablar -casi siempre- de mí por qué todo esto sucede en primera persona y ojo no tiene que ver con una fiebre de egocentrismo rotundo sino por qué de verdad tengo mucho para contar y todo es real.

A veces pienso que soy el centro neurálgico de todas las catástrofes sociales que a uno le podrían pasar en un life time así que ahí va.

Viviendo en córdoba, como buena estudiante con un culo fantástico para las fechas rendía el mismísimo 23 de diciembre. Si chicos, estoy siendo irónica. Me quede, que infeliz, me quede. El pasaje de vuelta a casa, que son nada menos que 12 infinitas horas en bus, era a las 21 hs. Pin pum pam, rendí, aprobé y me fui al depto.

Todo viento en popa, salí de mi hogar ,después de asegurarme que no había llave abierta de gas luz o agua que pudiese causar un desastre en las vacaciones, UNA HORA antes. Considerando que vivía a 20 minutos caminando de la terminal era pan comido. A los 3 minutos de esperar el taxi -no por burguesa sino por los 20 kg de valija para un mes, que guaranga- se larga la tormenta del siglo, katrina meets triángulo de las bermudas style.  10 minutos después, no había puto taxi que me subiera. Como buena Ariana cabra terca y bruta agarre la valija y mochila y me fui a la terminal a pie. Después de otros 20 minutos nadando, LITERAL, se me empiezan a aflojar no sólo los brazos sino el espíritu y  mi mente -ansiosa creo que le dicen- ya planificaba con que buen amigo de Córdoba iba a pasar la Navidad.

Para hacerla corta llegue al puente de la terminal –el que la conoce sabe que desde ahí tenés panorámica de todo- para ver cómo mi querido, forro,  garca,  mala leche colectivo se tomaba el palo sin mi a las 21 horas y 5 minutos. (Demás está decir que nunca más viaje en esa línea, manga de cabrones).

La crisis tocó mi puerta y entre llamadas telefónicas a madre (era mi primer año de universidad, claro que iba a llamar a madre y de hecho hoy 8 años después creo que haría lo mismo), consultas en distintas oficinas de venta de tickets y colapso mental – ni hablar que estaba empapada salida del tifón – se hicieron las 12 de la noche y otra alma condenada como yo perdía su propio bus por lo que yo me subí en su lugar y viaje -cagada de frío- durante lo que me pareció medio siglo de viaje hasta llegar a casa.

Tenía 18 años, me pegue una ducha, mande al lava ropas lo que me iba a poner esa noche y los 8 kg que subí ese año por no saber comer bien me protegieron con toda esa grasita de agarrarme soberana neumonía. Morfé, abrí regalos, salí y me empede como correspondía.

Enseñanza de esta historia? No seas pelotudo y ándate a tu casa tipo 20/12, para rendir más está febrero.

Ah y Feliz Navidad!

Muriel

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