La vida, esa constante de algo
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vida

09 jun La vida, esa constante de algo

Es óptimo que la mayor parte de los pobladores terminen su vida de una manera similar: tirados en una cama, viejos y llenos de arrugas.

Para el último capítulo, hay que ir superando muchos pasos previos para la consideración normal y así llegar al último casillero… nunca satisfecho. No del todo.

Nacemos y hay que aprender a hablar y a relacionarse, tus papás te inscriben en la “sala de uno”, después de dos, de tres y te despachan en algo así como la educación formal.

En las salas de cuatro y cinco, te relacionas, disfrutas pero queres la primaria, querés aprender los números, a leer… tantas cosas.

Entras al mundo del uniforme y el corbatín y vas creciendo, entonces querés disfrutar de poder salir a jugar con tus compañeros del colegio y dejar el corbatín, ese que tanto te molesta, de una vez.

Ya sos grande, vas al colegio, al secundario, arrepentido de esa ansiada responsabilidad, que quizás después reconozcas como escasa. Querés que llegue tu viaje de egresados, tus amigos, fiesta. Llega. Pero el secundario te queda chico, ya querés la universidad.

Tanto como que cerraste los ojos, empezaste la universidad y ya ves con nostalgias la primaria, querés volver pero no podes porque las ganas de ser un profesional y comenzar YA a trabajar te copa más.

El diploma colgado, la foto con tus papás, la universidad ya pasó, el estado civil se torna un poco más serio, tanto que puede preocupar, pero el trabajo se apoderó de tu vida y extrañas la facultad, en que todo era “supuestamente”.

Pero el tiempo no para, estás sólo, o con alguien. Probablemente dejaste tu casa, porque acordate que no veías las horas de vivir solo, pero ahora extrañas hasta el corbatín.

Del escenario van desapareciendo alfiles que son importantísimos, te golpean, pero seguís*

El trabajo te gusta, los disfrutas, pero estas agotado. Esta es la parte más larga. La casa se llena de otras voces que comienzan el juego, sala de uno, jardín, bla bla bla…

Esperas lo que viene. Extrañas lo que se va. Querés un descanso. Querés disfrutar la vida. Lo necesitas.

Llega el momento. Se va terminando lo que se daba. Te jubilas, las responsabilidades nulas que tanto ansiaste toda tu vida, bah no tanto porque la constante de otros deseos siempre estuvo a la orden del día.

El techo se torna aburrido. Los hijos. Los nietos. Estás como querés. En realidad no tanto. Querés volver a ser útil, trabajar, algo… pero no siempre se da. Llega la vejez, la muerte y el juego se termina. Ya en el cielo pensás que es una cagada haber estado siempre pendiente de lo que viene hasta de lo que se va.

La vida es esa constante de algo. No sé bien de qué. Pero es constante.

Si está bien o mal, el resultado es el mismo. Fin de la partida

*esto se aplica en cualquier momento

 

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