Una fantasía que duele
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messi

28 jun Una fantasía que duele

 

Nunca escribí sobre fútbol. No es que no me interesa, solamente que no me llama la atención ni me despierta las pasiones que en otros, más que nada, de mi género, sí.

Siempre fui malo para jugar al fútbol, pero como todo niño “normal” me la banqué y jugaba todos los fines de semana, ahí sí disfrutaba. Equipo más amigos más fútbol, era una suerte de sumatoria perfecta en mi niñez. Ahora debería serlo también, pero prefiero dormir.

Ya egresado del colegio y por entonces universitario, colgué los botines; creí que de por vida… pero hace como cinco años volví a  jugar -18 minutos, hasta la primera apoya- y me destapé una cerveza.

A pesar de eso, tengo un abuelo muy futbolero, pero el resto de la familia no tanto. Sin embargo suelo ver los partidos de Boca o de la Selección y quiero que ganen, claro, pero si el resultado no les favorece no pierdo la cordura, no se me sale la cadena, no me arranco los pelos, sino más bien apago el tele o veo otra cosa. Podría ser interpretado como  un ‘tibio’ sin sangre en las venas, y creo que en sí lo soy. Pocas cosas me despiertan pasiones, pero no son plasmables en un tatuaje en mi cuerpo por ejemplo, es decir, una cagada inmensurable.

Pero tengo amigos que aman ese deporte. A uno, a Pichi, le pregunté qué pasaba si le daban fecha para defender su tesis el mismo día y hora en que jugaba Boca una final importante y me contestó que él pidiera que se la pospongan y que no le importara tener que esperar un año para la nueva fecha; es mi amigo hace 21 años y sé que no exageraba, para él Boca es como el amor de su vida, supongo. Otro caso, similar en cuanto a la locura y el enamoramiento, le pasó a Juanki, otro amigo, que en los días prestos a que River Plate se fuera al descenso (hace 5 años recién cumplidos), una enfermedad nerviosa le tiñó la piel y lo dejó como el pelaje de una serpiente. Pato, hincha de la banda roja, el día que determinaron su pase a la “B” se tomó dos rivotriles, no podía hablar y era, por entonces, ya un hombrecito de 23 años. Otro caso, Ricki, una de las personas más frías que en mi vida conocí, cuando River llegaba a una final intercontinental subió una foto con su papá y le agradecia a Dios, a la vida y al fútbol por lo que había hecho su equipo para llegar a donde estaba. Yo no sabía que Ricki tuviera sentimientos, es más dudaba de su conocimiento sobre la escritura en prosa, pero ese día que leí su publicación en Facebook me dije ‘qué increíble lo que genera el fútbol’.

Algunos van todos los fines de semana a la cancha. Otros, quienes no son capaces de lavar un plato en sus casas, tienen la camiseta impoluta y los trapos hasta planchados. El fútbol sin lugar a dudas despierta claras pasiones que yo de verdad las empecé a entender, pero esa droga a mí nunca me pegó.

Roberto Fontanarrosa fue una de esas personas, que junto a mis amigos, me hizo  entender verdaderamente de que el fútbol se trata mucho más que “22 pelotudos corriendo una pelota”. Es magia. Son todas las artes juntas. Puede ser algo inexplicable, sobre todo el sentimiento, claro. Pero es fantasía, una fantasía más que importante en días como los que transcurren.

Sin embargo en mi virginidad de pasión futbolística, hubo tipos que me llamaron la atención, porque los entiendo de otro mundo. Porque despiertan ovación, llanto, sorpresa, asombro, admiración y millones de sentimientos juntos. Hacen olvidar aniversarios, posponer citas e impulsan disturbios y hasta divorcios.

Lionel Messi es uno de esos. Ese tipo al que cuando era un niño, Argentina lo sacó cagando. Buscó amparo bajo la bandera española y se lo dieron. Ahora, un joven, que defiende la celeste y blanca. Ese tipo hizo y hace llorar a los argentinos la vez que juega. Despierta algo, en todos. En todos los capaces de ver un partido de fútbol, con o sin idea sobre qué se trata. Y tanto gente más que idónea como gente que no, opinan igual pero diferente. En ambos bandos lo aman y lo detestan. Es una suerte de que quien lo trata de “pecho frío” se calla cuando hace un gol impresionante, indescriptible, inentendible y lo insulta cuando es momento de errar un penal.

Pero hay algo que va más allá de Messi. Su fútbol. Su magia. Esa cosa que lo hace único y el mejor del mundo. Pasa que frente a Messi todos somos fracasados. Todos. Desde el director más importante de Silicon Valley hasta Kicillof. Porque lo que genera ese tipo en la gente es algo indescriptible. Porque uno trata de entender por qué hace lo que hace, o cómo lo hace, y nadie sabe qué responder. Sencillamente porque levanta un universo paralelo al real.

Messi es el mejor, no es perfecto, es el mejor. Hasta al mejor del mundo se le pueden escapar cosas de las manos. ¿Y? Yo me pregunto en qué cambia la vida de los “exitosos” que lo tildan de “fracasado” al mejor del mundo. ¡En qué!

Lo más importante es que Messi es la cortina de humo de lo que pasa. Messi es el rey de un mundo que en realidad no modifica nada en el que vivimos nosotros. Messi es el que nos entretiene con su mundo de fantasía, esa fantasía que entretiene, enferma, te droga y hasta te mata. El fútbol sólo trae frustraciones y felicidad sobre cosas que en realidad no someten a tu vida a nada distinto. A nada realmente empírico.

El fútbol solamente modifica humores. Porque el “exitoso”* le grita a la pantalla “Dale pendejo maricón, hacé el gol de una vez. Sacanos campeón hijo de puta”. Como si en realidad el futbolista le debiera algo o acaso fuera el culpable de las desgracias personales del infradotado que de “pecho frío” no lo baja. ¿Y por qué te digo que en realidad el fútbol es una fantasía capaz de enfermar, amargar y hacer feliz? Porque ese “exitosísimo” viejo pelado con un banderín de Ferrocarril Oeste debajo de la tele, la panza con migas y un poco de queso tibo en la comisura derecha, dijera “por fin Messi, por fin” si hubiera traído la Copa América al país. Nada más. Cero.

En realidad le agradezco al fútbol que exista. Le agradezco a Messi. Sin circo no seríamos nada. Es una fantasía más que necesaria. Ojalá no te fueras nunca Pulga. Entretenés al país. Entretenés al mundo con tu magia. Demostrás que es más importante tú penal sobre el travesaño que otras cosas que en realidad están destrozando al mundo de verdad.

A los argentinos nos indigna haber salido segundos en una copa inventada por corruptos, para seguir robando, mientras desconocemos muchísimas estadísticas en las que debiéramos estar al menos segundos pero estamos allá abajo, cerca del 120°. Pero bueno, el fútbol logra eso, esa fantasía que nos entretiene mucho más y nos mantiene pendiente, más que nada cuando se puede putear al mejor. Una fantasía que duele.

Messi hace hablar a los que saben y a los que no. Inspiraron estas líneas, por ejemplo.

En cuanto a cuándo volveré a jugar al fútbol yo, volveré, es lo único que sé.

*Entiéndase imbécil 

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